El futbolista colombiano James Rodríguez, es la reciente
“adquisición” del Real Madrid.
Siendo en la actualidad el mercado el lugar hegemónico para la
satisfacción de los deseos humanos, el onceno merengue es un ícono en cuanto a
los anhelos que canaliza, tanto de jugadores como de hinchas.
Personas de todo el orbe paralizan sus jornadas de estudio o
trabajo para congregarse, como ante una
nueva religión, a presenciar las
ceremonias en las que se van convirtiendo estos partidos de fútbol, en los que
actúan equipos que han extendido sus redes hasta captar la atención de un
público, cada vez mayor, por fuera de sus fronteras.
Pues bien, es en este escenario, frívolo y mercantilista -de
sujetos que buscan desesperadamente el sentido de su vida por fuera de ellos
mismos (en religiones, neo misticismos, aficiones a equipos de fútbol,
cantantes, actores, pandillas, etc.)- en
donde ha aterrizado el colombiano, de escasos veintitrés años, de actitud humilde,
y quien además de talentoso deportista, es bien parecido físicamente.
Inmediatamente, este “relato” es mercadeado como una especie de sueño cumplido, verdadero
ideal de vida para miles de personas, y, obviamente, para una gran cantidad de
compatriotas, que lo asumen como un logro propio. La recepción es eufórica e inocente, la
intención no.
Sin restar méritos al deportista, ni al equipo de fútbol, el cual
sigue siendo muy competitivo deportivamente, es necesario decir que nada es
como lo pintan en esta planeta donde las personas son tratadas como mercancías:
desdibujada su humanidad quedan reducidas a máquinas de producir
ganancias. Para la muestra, el caso del
autismo de Messi, y el aprovechamiento inescrupuloso que se hace de su
condición de persona con límites cognitivos, excepcionalmente dotado para el
deporte.
A James y a su esposa ya les dieron la primera prueba de la
crueldad a la que puede llegar la sociedad del espectáculo. Después de su
presentación en el Bernabéu, a Daniela le dijeron “travesti” y mil improperios
más, porque su fisonomía latina y bella no se apega al estereotipo de las Spice
Girls.
En un acto más bien ingenuo, ella trató de defenderse publicando
en las redes sociales un escrito, en tono de pretendida indiferencia y pésimamente
mal redactado. Seguramente muy pocos, de los miles que se sumaron a este “debate”, lo hayan notado, porque, como dice Noé Jitrïk,
el célebre crítico literario argentino, en este mundo contemporáneo “lo único
verdaderamente global es la ignorancia”.
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