Según Marx, las clases sociales desaparecerían. Aún así, nos enfrentamos a la hegemonía
extraña de un capitalismo triste, que contempla en el espejo su solitario
reflejo, y en el que, por este mismo motivo, se han profundizado las divisiones
de clase.
La estructura social y sus lógicas sobrepasan nuestras intenciones
individuales, por loables que sean.
Aunque un vistazo a la Colombia contemporánea, nos permite ver un
país en el cual, no sólo empieza a ser censurable excluir, sino que se va
construyendo, paulatinamente, un pensamiento democrático en sectores reducidos,
todavía nuestras relaciones cotidianas estén marcadas por la profundización de
las asimetrías económicas, y relaciones sociales ancladas en algo parecido al
feudalismo.
Esto puede verse, con especial claridad, al interior de algunas instituciones.
A ciertos colegios privados asisten niños cuyos padres se sienten
autorizados para mirar por encima del hombro a los maestros, por el sólo hecho
de tener con qué pagar. Al interior de
los clubes sociales, se dan cosas tan abominables como restringir el acceso de
los trabajadores a determinadas áreas-restaurantes y servicios sanitarios de los
socios, entre otras muestras de discriminación-, y, en muchos hogares, hay
quienes ponen una comida de calidad en sus platos, y sobras o alimentos de
menor valor, incluso nutricional, en los platos de sus empleados.
¿Qué tienen en la cabeza quienes creen, que aquel que les presta
un servicio, es de menor categoría que ellos? ¿Qué pasaría si esos que hoy son
empleados, mañana pudieran pagar, por ejemplo, el acceso al club? ¿Entonces ese
día, graduados como semejantes,podrían desaguar en el mismo baño?
Hay muchos que pretenden ocultar su ignorancia debajo de mantas
cosidas con sus billetes, pero la ignorancia es terca y se sale por las
costuras.
Este tipo de comportamiento es el que estamos transmitiendo, a
manera de ejemplo, a hijos de patronos y empleados. Les estamos enseñando que hay seres humanos
de primera, de segunda y de tercera.
¿Qué tipo de odios estamos engendrando?
Más temprano que tarde estas segregaciones se harán insostenibles.
Por ello, es bueno tener presente que la movilidad social,producto de cambios
en la economía de grupos o individuos, es lo característico de los tiempos
históricos convulsionados, como este. Un buen propósito de vida podría ser empezar
a tratar bien a todos cuantos nos rodean.
Hoy podemos confiarnos en falsas seguridades basadas en algún poder,
pero el mañana siempre será un horizonte incierto.
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