martes, 2 de agosto de 2016


TANTAS COSAS POR HACER






El transporte masivo en Pereira, Megabús, ha pasado por muchas decisiones “transitorias”, apresuradas, o incompletas.

Empezando por su estructuración financiera que proyectó un número muy superior de pasajeros a los que en la realidad se subieron al sistema, y siguiendo con la ejecución de infraestructura, en donde intersecciones, estaciones y recorridos denominados “transitorios” se convirtieron en permanentes y definitivos. 

De estas obras la más notoria, por encontrarse a la fecha inconclusa, es la Avenida San Mateo.

La Avenida a medio ejecutar produce un gran desbalance financiero, puesto que estaba proyectado pagar a los operadores un recorrido mucho más corto que el que hoy transitan, precisamente, por la falta de esta.

Y ya no se puede apelar a la financiación del gobierno nacional, porque en el balance de la utilización de los recursos de contrapartida, el Gobierno considera esos recursos como aportados.

No obstante, la obra debe terminarse.

Una idea sería vincular su terminación a otros dos macroproyectos en ejecución en la ciudad: la modernización del Aeropuerto Matecaña (AIM), y el desarrollo de los predios del Batallón San Mateo.

Podría tomarse un desvío en la estación El Viajero, por el barrio El Plumón (el mismo por el que se desvió el tráfico durante la construcción de la segunda calzada enfrente del Aquilino Bedoya), y, ampliando la intersección hoy construida de la San Mateo con otro paso por debajo de la Avenida 30 de Agosto, se podría garantizar a los vehículos procedentes del sector occidental el acceso al Aeropuerto. A simple vista, esta opción de retorno se aprecia mucho más económica que hacer la intersección por donde se diseñó, interviniendo las bodegas de Almacafé y reubicando las viviendas asentadas en la vieja carrilera.

Desde el punto de vista de la movilidad, conectar este recorrido con la calle 50, pasando por los predios del Batallón significaría, en el mediano plazo, la consolidación de una vía alterna a la 30 de Agosto: el anillo longitudinal tramo sur desde Cuba hasta la Avenida Juan B Gutiérrez.

Podría hacerse un paquete con todas estas obras, aunque por el monto se requerirían aportes del Gobierno Nacional, del Municipio, del Aeropuerto, y del mismo SITM. 

No suena fácil pero tampoco imposible. Hay tantas cosas por hacer en la ciudad que el único camino es ir haciendo. Y es más fácil conseguir financiación para obras que implican la resolución de muchas necesidades y fuertes conexiones de movilidad, que para obras puntuales. Tal vez esta podría ser una gran oportunidad para terminar de construir lo que en mala hora se dejó empezado.

Foto por: Ricardo Gamboa


EL PLEBISCITO POR LA PAZ




Hemos presenciado un proceso de paz que ha estado marcado, por lo menos, por dos grandes rasgos: la desinformación alrededor de lo que se ha ido acordando, y, un gran sentimiento generalizado de ilusión por la paz.

En ese orden de ideas, ahora que la Corte Constitucional declaró exequible la ley que permite a los colombianos decidir si avalan o no los acuerdos de paz negociados en La Habana, se han levantado infinidad de voces que recuerdan desde los aspectos jurídicos del mismo plebiscito, hasta la ausencia de información relativa a lo acordado.

Esto nos remite a infinidad de información que será difícilmente procesable por los colombianos del común antes de la votación del plebiscito, aún considerando que se pudiera hacer una pedagogía asertiva y masiva, ausente hasta ahora como respaldo esencial a los diálogos.

Por ello, y porque la Corte ha sido clara en determinar que el hecho de que los colombianos decidan refrendarlo,  no implica que la implementación de lo convenido sea “automática”, y que en todo caso lo concertado debe llevarse a implementación por las vías constitucionales establecidas para tal fin, es porque el plebiscito se conecta, sobre todo, con la ambición de los colombianos de llegar a la pacificación del territorio nacional.

Lo que está en juego entonces es un marco de acción que implica, sobre todo, un respaldo generalizado a la búsqueda de la pacificación del territorio -por lo menos en relación a la lucha con un actor histórico e importante, las FARC-, que no pasa necesariamente por un conocimiento detallado del contenido de lo pactado ni de la “mecánica” de cómo habrá de implementarse en la práctica.

El discurso de la oposición, centrado en la crítica a los contenidos (justificada o no), se encuentra desconectado del objetivo general, y, arrinconado, apela a estrategias francamente irracionales, como llamar el pasado 20 de julio, día de la Independencia Nacional, a izar la bandera con cintas negras. 

Para decirlo en palabras sencillas, la oposición insiste en descifrar y exponer las características del “sapo”, mientras que la mayoría de los colombianos se preparan para engullirlo sin preguntarse por su color, olor o sabor. 

Este plebiscito será la oportunidad para comprobar cómo la ilusión y la promesa, en el ámbito de los imaginarios, seguirán siendo fórmulas efectivas para la movilización de los pueblos. 

Fundamentalmente porque ha habido mucho sufrimiento, en este momento los colombianos se tomarían el purgante que fuera, con tal de que en el frasco viniera escrita la promesa de una mejoría. Y estoy segura que muchos, la mayoría, no están tan interesados en conocer los componentes del vermífugo como en empezar a comprobar el relativo alivio prometido.

Foto por: Diego Valencia Gómez

martes, 19 de julio de 2016


LA COMIDA QUE SE "VOTA"




En su cuenta de Facebook, un político de la región, reconocido por sus campañas de repartición de comida, escribió: “es mejor regalar la comida que votarla”.   
Un simpático error ortográfico que engloba muchas y amargas realidades. 

En Colombia, según un reciente estudio del DNP, del 100% de la comida producida, almacenada, distribuida y efectivamente consumida, se pierde el 34%. 

Dicho estudio afirma que cuando se hace referencia a pérdidas, se están relacionando las etapas de producción agropecuaria, post cosecha y almacenamiento, y procesamiento industrial.  Mientras que, al referirse a desperdicio se hace relación a los alimentos que se descomponen en las etapas de distribución y retail, y a aquellos que son desechados después de su preparación para ser consumidos.

Los datos revelados por el estudio pueden resumirse así: una tercera parte de los alimentos que el país podría llegar a consumir durante un año se pierden o desperdician.  De este total, el mayor porcentaje sucede en las pérdidas, cercanas al 65%, y un 35% aproximadamente se desperdicia.  De este último porcentaje, los desperdicios en los hogares corresponden a cerca del 15%.

El eje cafetero ocupa el tercer lugar en el país entre las zonas con mayor pérdida y el segundo lugar en desperdicios.

De todas las necesidades humanas insatisfechas, la alimentación es la más apremiante.

En nuestro país, según un completo mapa de desnutrición en Colombia realizado por la Universidad Nacional, en la última década murieron 18 personas diariamente por desnutrición y patologías asociadas, la mayoría niños menores de cinco años o adultos mayores de 65. Un total de 63 mil personas muertas en este período de tiempo

Los casos que mayor difusión e indignación han alcanzado son los de los niños muertos en La Guajira, pero el estudio revela que la muerte de menores a causa de la desnutrición afecta al 74% de los municipios del país, es decir, este fenómeno está presente en 836 de los 1.118 municipios existentes.

El drama aumenta porque las políticas del Estado, que pretenden atender a las poblaciones de mayor riesgo (niños menores de cinco años, madres lactantes y adultos mayores), han sido cooptadas por los politiqueros, que han hecho de la necesidad de sus votantes lucrativos negocios, tanto en la distribución de las alimentaciones escolares como en el suministro de alimentos para garantizar feudos electorales.

Creo, como el político de la publicación, que botar la comida es un sacrilegio.  Igualmente estoy convencida de que “Votar” la comida -que es un buen recurso del lenguaje para designar la comida que se regala o comercializa con fines electorales -, es un sacrilegio aún peor.

Consciente o inconscientemente, este político nos ha recordado que en Colombia la comida se “vota”.  Es una triste realidad que nos muestra la indignidad del ser humano, sometido a la falta de escrúpulos de sus congéneres y a su lado más oscuro. 

Foto por: Sebastian Becerra

martes, 12 de julio de 2016


LA APARIENCIA ES IMPORTANTE


Recorriendo las avenidas principales puede verse hoy en día una ciudad bastante limpia. Por lo menos en sus lugares más visibles.

Y no es un tema de poca monta.  Porque la idea general que unos habitantes se hacen de su identidad, como pertenecientes a una ciudad, pasa, precisamente, por tener una percepción, así sea consciente o inconsciente, de la dignidad de su habitar.  El aseo es el primer factor que interviene en la construcción de la idea de dignidad de sí mismos.

Es seguro que este resultado ha sido logrado por varias instituciones conjuntamente, y, para que el efecto fuese más profundo, sólo restaría mejorar el estado de las vías.  La malla vial con sus carpetas de rodamiento en óptima condición completan la sensación de habitar un lugar bien cuidado, administrado de manera eficiente.

No es tampoco irrelevante esta sensación desde el punto de vista de la seguridad ciudadana, para la cual, además del aseo y el buen estado de zonas verdes y jardines, es imperativo contar con una iluminación suficiente.  La luz artificial aleja a los malhechores e invita a los ciudadanos a hacer uso del espacio público sin temor a ser atacados.

Recorriendo el centro, en cambio, hay una sensación ambivalente.  Por un lado se han despejado algunos andenes de la ocupación indebida del espacio público, y eso es positivo.

Pero, duele ver, por ejemplo, una plaza de mercado ambulante ubicada incluso en la fachada del emblemático edificio Lucy Tejada, sede del Instituto de Cultura.

Para mi consuelo, o desconsuelo, recuerdo que ya en 1977, en la Tía Julia y el Escribidor, Vargas Llosa mostraba este fenómeno imparable de la ruralización de la ciudad latinoamericana, haciendo referencia a la contradicción existente entre la Biblioteca Nacional de Lima (la ciudad letrada) y la invasión del espacio público de la Avenida Abancay (representativa de la ciudad como promesa de la modernidad), repleta de migrantes del campo a la ciudad que vendían todo tipo de chucherías, baratijas, comestibles, etc.  

La literatura y las ciencias humanas nos aportan otra percepción de los problemas que nos aquejan, construyendo una mirada con perspectiva histórica, que consulta aspectos sociológicos y antropológicos. No obstante esa mirada más comprehensiva,  debe entenderse que para enfrentar los problemas de difícil solución se requiere voluntad y decisión, y, sobre todo, funcionarios alejados de los intereses politiqueros, que tanto mal le hacen a la administración de lo que nos es común.


Es verdad que lo mejor sería contar con soluciones de fondo, pero también es cierto que la forma y la apariencia empiezan a construir un sentido de pertenencia e identidad ciudadana, que puede transformarse, con el tiempo y la persistencia,  en un modo de vida de carácter definitivo.



martes, 5 de julio de 2016


CONTRA LOS BÁRBAROS



El pasado sábado, temprano en la mañana, ocurrió un fatal accidente en la doble calzada Pereira Cerritos.  En el sentido oriente-occidente, inmediatamente después de la intersección del Pollo, un camión de concreto premezclado chocó con una motocicleta, con el resultado fatal de la muerte del motociclista, lo que desató un monumental trancón que a los pocos minutos llegaba hasta Unicentro.

En el camino a Pereira, se veía cómo los recién llegados al atasco se abalanzaban por encima del separador, tirándose literalmente sobre los vehículos que marchaban por el carril del sentido contrario, haciendo gala de una actitud bárbara que desafiaba el cumplimiento de cualquier tipo de norma y que, en su embestida, atentaba sobre todo contra su propia integridad. 

Esta fue una situación límite que desató todo tipo de comportamientos indebidos, que, sin embargo, se presentan también en condiciones normales.  Sobre todo de las motocicletas, que no respetan ningún tipo de retorno y tienen varias aperturas en el separador, desde donde se cruzan con total imprudencia.

La doble calzada estaba concebida como la salida de la ciudad, y por ello sus retornos fueron pensados para ser eventuales.  Pero la ciudad llegó y copó los terrenos aledaños, y hoy es un trayecto urbano en el que se mezclan diferentes tipos de transporte.  Todo esto sin andenes, intersecciones adecuadas ni cruces peatonales, lo que la convierte en una especie de tubo veloz que ya ha cobrado muchas vidas.

Estas problemáticas se suman a la alta vulnerabilidad de la población asentada entre las intersecciones del Pollo y Cerritos, puesto que, una vez abordado este recorrido, no existe ningún tipo de variante que se pueda tomar.  ¿Qué será de esta población el día que suceda una emergencia y la carretera quede bloqueada?

En varios escenarios he manifestado la necesidad de proyectar una vía alterna.  El trazado más viable, por razones de los asentamientos ya consolidados, es el tramo sur, desde la intersección de Coralina, ojalá hasta la de Cerritos.  Podría abordarse una primera etapa hasta el Parque Temático, y salir a conectar con la doble calzada, puesto que allí ya es posible tomar como alternativa la ruta que conduce a La Virginia por Cafelia. 


Tal vez la única alternativa para afrontar todas estas obras (variante, intersecciones y cruces peatonales de la actual vía) sería ampliando la concesión que está a punto de terminar.  Me dicen que alguna solución de este tipo están proyectando en el INFIPEREIRA.  Sería bueno saber qué participación tiene en estas proyecciones Planeación Municipal y que, de una vez, se invitara a participar al concesionario, a Planeación Nacional y a la Agencia Nacional de Infraestructura.

Foto por: Sebastian Becerra

martes, 28 de junio de 2016


¿LLEGÓ LA HORA?






No es fácil pronunciarse sobre el tema de la paz, porque esta es más una ilusión que nos guía que una realidad que esté a la vuelta de la esquina.

Pero, aún a sabiendas de que lo que está en juego es la firma de un acuerdo entre dos fuerzas de poder que han recurrido a la violencia, la una amparada en el uso legítimo de las armas –el Estado-, y la otra desde la criminalidad como grupo armado ilegal, un acuerdo de paz puede orientarnos a entablar una discusión social sobre la ética. 

Para sustentar los fines existen infinidad de discursos, y jamás se ha cometido un atropello a la humanidad que no esté revestido de una promesa, engalanada con cualquier cantidad de razonamientos, argumentos e ideologías.  No obstante, vivimos en un mundo que intenta reconocer,  cada día de manera más amplia y profunda,  la igualdad de los derechos del hombre,  y ello hace problemático justificar cualquier medio.

Este rechazo a los grupos armados ilegales y sus formas de proceder, sustentadas en “loables” argumentaciones, ya se había dado en Colombia con el fenómeno del narcotráfico.  En los años ochenta no estaba mal visto ser narcotraficante. Pablo Escobar pudo ser congresista y jugar a “Hood Robin”, hasta que él y sus compinches se enfrentaron a la nación colombiana con actos terroristas. En este momento el debate se profundizó, y la sociedad empezó a hacer consciencia de los horrores que rodeaban su negocio y sus exorbitantes cantidades de dinero. 

Ahora, si se firma la paz,  más que a una ausencia total de conflictos tal vez inicialmente tengamos que asistir a un recrudecimiento de los mismos, pero ellos no estarán aparentemente legitimados por un fin que “políticamente” excuse cometer crímenes, como el secuestro o el desplazamiento forzado. La guerrilla desmovilizada y desprovista de su estatus político pasará a ser delincuencia común, y ya no habrá lugar a dudosas motivaciones para su “combinación de formas de lucha”. 

Por supuesto que existen entre nosotros múltiples contradicciones: desigualdades sociales, injusticia, corrupción, contra reforma agraria, falta de cultura ciudadana para la convivencia, entre otras múltiples problemáticas cuyos asuntos sin resolver seguirán generando violencia.   Pero, bajarle el cartel a las FARC de “grupo armado político”, y llevar a quienes queden delinquiendo al nivel de criminales, es un paso seguro en el proceso de madurar como sociedad, de reconocernos como ciudadanos beneficiarios de derechos y sujetos de deberes, y, sobre todo, en fijarnos cada día más en la ética de los medios que los actores políticos y sociales utilizan para lograr sus propósitos. 


Por todas estas razones yo también abrazo el cercano cese del conflicto armado, tal y como lo hemos conocido. Me dispongo de razón y corazón para afrontar los retos que nos depara el horizonte, con la ilusión de que este acuerdo sirva para entender que ningún fin excusa cualquier manera de obrar para llegar a él.

Foto por: Diego Valencia Gómez

martes, 21 de junio de 2016


COSAS INCONCLUSAS EN LA CIUDAD




Por estos días se ve al Secretario de Infraestructura muy acucioso dirigiendo el mantenimiento de la malla vial. 

Independientemente de la discusión entre los carros y los medios alternativos de transporte, la red vial hay que mantenerla como un activo que ha sido construido con los recursos de todos los pereiranos, desde varias generaciones atrás, y que, en buen estado, contribuye a mejorar no sólo la movilidad sino el aspecto mismo de los recorridos.  Mantener lo construido constituye una muy buena gestión, pero las labores de Infraestructura pueden extenderse a otras obras,  aquellas que pueden denominarse de bajo costo y alto impacto. 

Una de ellas es la conclusión de las calzadas que se quedaron en medio carril. La verdad es que existen tantas de estas vías inconclusas, que su pavimentación podría convertirse en todo un programa, incluso vinculando a los vecinos de los diferentes sectores.  Tener las rutas vehiculares despejadas (sin zonas azules ni parqueo indebido) y, con sus calzadas completas, ayudará a mejorar la movilidad sin que el esfuerzo fiscal sea tan contundente como en el caso de construir calles completamente nuevas.

El otro cometido vital para una ciudad es la complementación de andenes.  Hace poco veía a una madre y su hijo hacer malabares por el estrechísimo andén que circunda el puente de la calle 14 en el cruce inferior de la Avenida Belalcazar. O, por ejemplo, no se comprende por qué nunca el Banco de la República terminó el andén que da contra la fachada de su edificio sobre la calle 18.  Como estos, son muchos los ejemplos de trayectos inconclusos, disfuncionales o inconexos.

Estas acciones podrían acometerse, por lo menos, en el Centro Tradicional y el Centro Expandido, lo que motivaría a más personas a bajarse del carro y recorrer  a pie los trayectos cortos.  Es bueno para el medio ambiente y para la salud, y en general, no hay nada más necesario en una urbe que contar con una completa red de andenes y pasos peatonales. 

Con la escasez de recursos que hoy afecta a la Alcaldía Municipal, acometer estas tareas sería una muy buena gestión, acorde en todo con las políticas del actual gobierno y con el potencial de proyectar a Pereira como una capital ambientalmente amigable. Poder recorrerla de una manera segura brindará presencia permanente de ciudadanos en todos los rincones y hará que exista una mayor apropiación del espacio público urbano. 


Son todos beneficios que pueden obtenerse de acoplarse a los días de poco presupuesto,  realizando acciones inteligentes que logren eficiencia en la inversión de recursos y eficacia a la hora de lograr los objetivos propuestos.  En este caso, mejorar todas las modalidades de movilidad posibles en la capital risaraladense.