martes, 9 de junio de 2015

BELLOS HASTA LAS LAGRIMAS

El pasado jueves se realizó la presentación del programa Semillas de Capital Social.  Iniciativa liderada por Yo Creo en Pereira, el Instituto de Cultura y La Fundación 20 – 30, con la que se intenta aumentar la cobertura de los programas de formación musical, a través de la donación de instrumentos musicales y recursos.

En el presente año, 518 niños y  jóvenes quedaron por fuera de la Banda Sinfónica por falta de instrumentos y espacio físico, y un instrumento es usado en promedio por 13 niños cada semana.

El DANE estimaba para Pereira la población infantil, entre 5 y 14 años, en 73.165, al año 2011 (Datos del portal Pereiravivedigital). En la actualidad, el programa tiene 1.443 niños y jóvenes inscritos en las áreas de bandas musicales, cuerdas típicas y cuerdas sinfónicas. En la relación con la población, este número representa apenas cerca  del 2% del total.

La situación tiene dos formas de ser mirada.

Una, es que existen los programas de formación cultural, por los cuales los niños y jóvenes se interesan, y que  participando en ellos pueden ingresar a un mundo distinto, de la sensibilidad y la disciplina, alejándose de los entornos difíciles en los que comúnmente se ven inmersos,  alcanzando un nuevo sentido para su existencia.

La otra es que,  a pesar de los esfuerzos realizados por el Instituto de Cultura, los recursos asignados son a todas luces insuficientes.

A pesar de estas realidades, pudimos ver a los niños y jóvenes, bellos hasta las lágrimas, emitiendo notas,  sutil viento enigmático emocionado, vida que se hizo aire sonoro en sus manos. 

Movimientos articulados, acompasada atención, que hicieron de la suya una presentación de esperanza, aferrados como estuvieron a su instrumento, mágico contacto de sus labios cobre y manos madera, realizando su interpretación como si se tratase de una caricia alegre.

Ellos son Dragones Nacientes y, a la vez, son Los Hijos de Sánchez, como dos de las piezas que sonaron esa noche.  Vivimos, a través de ellos,  ritmo, pies, ojos, cabezas, oídos, todos puestos en función de la explosión que llegó a nosotros, el público presente, como una marea de saxofones, trompetas, oboes, clarinetes,  tambores,  y violonchelos alados.


Ojalá la iniciativa alcance los objetivos que se propone.  No obstante,  queda la sensación de quepara lograr que muchos niñas y niñas tengan una vida distinta a partir de su contacto con la cultura, hace falta, sobre todo,  responsabilidad política traducida en presupuesto.

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